La historia no contada de los resultados PAES

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La historia no contada de los resultados PAES

La educación chilena esta contaminada por rankings y competencias, sin embargo, las reglas y los recursos han sido muy disímiles para generar comparaciones justas entre el sistema público, el particular subvencionado y el particular pagado.

La entrega de los resultados correspondientes a las pruebas de Selección Universitaria en sus distintas versiones (PAES, PTU, PSU, entre otras), siempre invitan a la reflexión acerca de la brecha existente entre los resultados de los establecimientos particulares pagados y los públicos. No sé si por omisión o por otro motivo, se invisibiliza el sector particular subvencionado, generando una confusión entre las personas que tienden a pensar que estos últimos estarían más cercanos a los resultados del sistema particular pagado, e incluso que formarían parte del mismo. Uno de los efectos de esta forma de presentar la información es que genera la creencia de que el problema educacional está enraizado sólo en los establecimientos públicos y no así en los subvencionados ni menos en los particulares pagados, que son aquellos en los cuales los estudiantes obtienen los estándares más altos.

Por otro lado, encontramos también, el clásico ranking de los cien establecimientos que tienen los mejores resultados. La Tercera titula “¿Mal endémico? PAES vuelve a evidenciar brechas entre colegios particulares y públicos, los que desaparecen de los rankings”.

Lo cierto es que 97 establecimientos son particulares pagados, 2 son municipales y solo uno es subvencionado ¿La brecha es solo con las escuelas públicas, ya sean municipales o de Servicios Locales? Claramente no; el sector subvencionado tampoco logra alcanzar los estándares de los establecimientos antes mencionados. Ahora bien, lo más relevante es analizar si los resultados obtenidos por los liceos particulares, en estos instrumentos, permiten afirmar que dichos proyectos sí entregan una educación de calidad y, por ende, deberían convertirse en un modelo a seguir para nuestro alicaído sistema educativo.

En ese sentido más que respuestas, tengo preguntas ¿Cuánto deben invertir los padres de esos niños para lograr esos resultados? ¿El capital cultural de los estudiantes y sus condiciones de entrada, coinciden con el costo que implica su educación? ¿Cuántos filtros se utilizan para seleccionar a los estudiantes? ¿Cuánto incide la posibilidad de que las familias puedan invertir en profesores particulares y/o preuniversitarios?

La educación chilena esta contaminada por rankings y competencias, sin embargo, las reglas y los recursos han sido muy disímiles para generar comparaciones justas entre el sistema público, el particular subvencionado y el particular pagado. Hace algunos meses atrás se entregaron los resultados de la prueba PISA 2022, donde se evidencia que, a pesar de la pandemia, los estudiantes que pertenecen a los sectores más vulnerables, llamados estudiantes resilientes, mejoraron sus resultados en Comprensión Lectora y Matemáticas; a diferencia de los quintiles más altos, que bajaron en relación a la medición anterior. En consecuencia, cabe preguntarse nuevamente ¿El sistema particular entrega una mejor educación?

Desde mi punto de vista, creo que tener mejores condiciones para educar, no necesariamente implica entregar una buena educación. Una buena educación debe estar centrada en mejorar los procesos pedagógicos internos, administrativos, de convivencia escolar y adquisición de recursos, mas no en el diseño de filtros como sumas irrisorias de dinero, propias de una carrera universitaria, o pruebas de ingreso a niños de cuatro o cinco años que terminan distorsionado el sistema.

Una buena educación, debería considerar el valor agregado que las escuelas entregan a sus niños y niñas. Según Javier Murillo, “la escuela eficaz es aquella que promueve de forma duradera el desarrollo integral de todos y cada uno de sus alumnos más allá de lo que sería previsible teniendo en cuenta su rendimiento inicial y su situación social, cultural y económica”. En consecuencia, sería importante valorizar no sólo quién llega a la meta y/o los estándares propuestos, sino también el camino recorrido, sobre todo en este sistema tremendamente desigual, donde algunos nacen al lado de la meta, mientras la gran mayoría empieza desde muy atrás, sorteando múltiples obstáculos que muchas veces son invisibilizados por esta cultura del “falso mérito” que impide analizar con profundidad qué es una buena educación.

Autor

  • Erick Caballeri Landaeta

    Profesor de Lenguaje y Comunicación y Magíster en Currículum y Evaluación. Con una trayectoria de 20 años en la Educación Pública, es actualmente Director del Liceo Ciudad de Brasilia de Noviciado, elegido por alta Dirección Pública,

    Caballeri Landaeta Erick